Una institución tan importante como el Poder Judicial no puede depender solo del conocimiento adquirido en el pasado. La ley, los procesos y las necesidades de la ciudadanía evolucionan, y el sistema judicial debe evolucionar con ellos.
Por eso, uno de mis compromisos centrales es impulsar la capacitación continua del personal, con el objetivo de mejorar la eficiencia en cada etapa del proceso judicial. No se trata solo de aprender por aprender, sino de prepararse para servir mejor.
Cada función dentro del sistema tiene un impacto directo en las personas que acuden en busca de justicia. Desde quien recibe un expediente hasta quien lo resuelve, todos formamos parte del mismo engranaje. Y cuando una parte está desactualizada o no tiene las herramientas necesarias, el proceso se retrasa, se complica o se desvía.
La capacitación no es un lujo, es una necesidad. Y debe ir de la mano con la vocación de servicio: ese compromiso genuino de atender, orientar y resolver, siempre con respeto y responsabilidad.
Creo firmemente que un Poder Judicial bien preparado es un Poder Judicial más justo, más ágil y más humano.

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