Uno de los principales retos que enfrenta el sistema de justicia en México es la demora en la atención de los asuntos. Como ciudadanos, sabemos que cuando un caso se retrasa, no solo se afecta a una persona, sino que se debilita la confianza en todo el sistema judicial.
Por eso, me comprometo a mantener una comunicación constante, clara y respetuosa con todas las áreas responsables de la gestión de los procesos judiciales. Esto no solo es una cuestión de buena voluntad, sino de responsabilidad institucional.
El trabajo dentro del Poder Judicial no es individual, es en equipo. Cada área, cada función, cada persona, contribuye al resultado final: una resolución justa y en tiempo. Estoy convencido de que cuando hay coordinación real y disposición para colaborar, los asuntos pueden resolverse con mayor rapidez y dentro de los plazos establecidos por la ley.
Además, tener esta apertura al diálogo y al apoyo mutuo entre áreas ayuda a reducir el rezago, uno de los problemas más serios que enfrenta nuestro sistema. No se trata de imponer, sino de trabajar hombro a hombro para que las cosas avancen.
Este compromiso no solo habla de cómo quiero desempeñar mi función, sino del tipo de justicia que creo que merecemos: una justicia eficiente, humana y cercana a la gente.


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