En la experiencia de muchas personas, asistir a una audiencia judicial puede ser sinónimo de largas esperas y, en muchos casos, de reprogramaciones que parecen no tener fin. Esto genera frustración, desgaste emocional y, sobre todo, una percepción negativa de la justicia.

Por eso, uno de mis principales compromisos es aprovechar al máximo cada audiencia programada, para que se aborde a fondo la petición o el caso en cuestión. La audiencia debe ser un espacio para avanzar, no solo para cumplir con un trámite.

Hoy en día, el alto número de diferimientos (cuando una audiencia se pospone) afecta directamente la eficiencia del sistema. Si bien hay situaciones en las que posponer una audiencia es necesario y válido, eso debe ser la excepción, no la regla.

Como parte del Poder Judicial, mi labor será asegurar que cada audiencia esté bien preparada, que todas las partes tengan claridad sobre su objetivo y que se resuelva lo más posible en ese momento. Esto no solo reduce el rezago, sino que acerca la justicia a la gente de manera real y tangible.

Una justicia que se aplaza constantemente es una justicia que no cumple. Por eso, trabajaré para que las audiencias sean útiles, productivas y respetuosas del tiempo y la necesidad de quienes buscan una resolución.

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